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Calefactores

Los calefactores son una necesidad en muchas regiones de nuestro país. Elegir el más adecuado no solamente significa obtener un buen ambiente donde convivir o trabajar, sino que implica seguridad, sensación de confort y ahorros en energía.

Existen dos grandes tipos de calefactores: los eléctricos y los que funcionan a gas.

Un calefactor eléctrico produce energía calórica a partir de la eléctrica y ofrecen ventajas como su flexibilidad (se puede regular la temperatura de cada habitación según preferencias personales) y la generación de “calor limpio”, sin gases, llamas ni combustible.

Por su parte, los calefactores a gas ofrecen un mayor confort en áreas bien ventiladas, además de que generan el mismo calor con menos energía, lo que permite calentar áreas más grandes a un menor costo.

Entre los calefactores eléctricos, los más comunes son los de termoventilación, donde el aire caliente es propulsado para crear corrientes de cálido confort; los de convección, de radiante o de cerámica. En todos los casos, la sensación de calefacción comienza de forma inmediata.

Por su parte, los calefactores a gas generalmente siguen los procesos de flama azul o infrarrojo. En ambos casos la sensación de calor se concentra en los objetos que se encuentran más cerca para llegar luego al resto del área.